Desanimo...

Desanimo, desaliento...que palabras tan bien buscadas y horrible sentimiento...
El desanimo te quita las fuerzas, te quita las ganas, te lo quita todo...¿Desanimado será lo mismo que estar triste? Porque yo creo que si, o que al menos los dos sentimientos van de la mano sin quererse soltar...¿Cuando pasará? Quien sabe..quizas mañana, quizas en dias, quizas en unas horas o minutos...Nunca se sabe.
Desanimo, animo...Hay una linea tan fina que los separa a ambos, que en cualquier momento puedes estar animado o desanimado..Pero ¿llegarás a hundirte? ¿o te salvará alguien o algo? Quien sabe...

El techo pensativo

Sola, distraida...Miro el techo que se encuentra sobre mi, mientras yo permanezco tumbada en la cama,¿acaso se perdieron las esperanzas y los sueños? Eso me pregunto estando alli tumbada. ¿Para que mirar a otro lado, si el techo esta claro? Es blanco. A no, hay una mancha de humedad, ¿esa mancha es la que hace que los sueños se diluyan sin mas?
Tumbada, cansada...¿tengo sueño? No, no creo. Simplemente que el vacio me visita a veces y no puedo remediar darte una simple bienvenida. Hay que ser cortes con una visita. Aunque sea la nada.
Dolor, frio...¿el dolor produce frio? ¿o el frio produce dolor? Podrian servir las dos. El dolor de algo puede hacer que te enfries tanto que llegue un momento en el que dejes de sentir. El frio que uno puede sentir, puede llegar a doler, e incluso a quemar...
Quemar...se quema el alma de dolor ¿eso es posible? De dolor de ¿amor?¿odio?¿desesperanza? Quien sabe...
Sola y fria, en esta noche helada, miro el techo que hay sobre mi cama, y pienso mientras estoy tumbada, que frio tengo, tanto que siento un dolor que me quema por dentro, y mientras mas lo pienso, mas me canso...
Vagas reflexiones sobre una mente perdida en la inmensidad, tan pequeña, del techo de su habitacion...

Sueños..(II)

La mañana transcurrió sin percances, no se había metido en ningún lio ni nada por el estilo. Era la hora de descanso, la hora del almuerzo. No tenía hambre, raro en ella, que solía comer más de lo necesario. Así que se dirigió a la gran extensión de césped y arboles del campus. Tuvo suerte. Encontró un árbol casi aislado de los demás y no había nadie. Se apresuró disimuladamente hacia él. Y sentándose en el suelo, suspiró echándose sobre el árbol. Seguía pensando en aquel sueño. Todo había sido muy extraño. Sacudió la cabeza para dejar de darle vueltas al asunto. Soltó la mochila a su lado y se soltó el pelo para estar más cómoda. Respiró hondo. Allí se podía descansar. Pero había una sombra oculta en las ramas del árbol. La observaba con detenimiento, analizando cada uno de sus gestos. Ella mantenía los ojos cerrados, respirando tranquilamente. La sombra se acercó un poco más, pero resbaló y calló al suelo. Esta sombra cayó boca arriba. Se incorporó rápidamente. Era un joven de cabello largo y negro, como el del sueño, pero tenia los ojos grises, no negros. El joven la miró y sonrió en señal de disculpa.

-Ehemnn…esto…lo siento- dijo entrecortadamente- ¿Te he dado?

Ella negó con la cabeza mientras lo observaba. Se podría decir que estaba en forma.

-Lo siento, es que estaba medio dormido sobre el árbol y me caí-dijo soltando una risita tímida. Le extendió una mano- Me llamo Derek.

-Dania, encantada- dijo con una sonrisa -No pasa nada, no tienes porque disculparte.

-Nueva en la zona, por lo que veo. No es que sea un repetidor ni nada por el estilo, es que soy de la zona. Y como te he visto un poco sola, he pensado, que o eras nueva o demasiado tímida.

- Si, soy nueva. Soy de un barrio un poco lejano, “Las Delicias”.

-Ah, si, lo conozco. Es muy tranquilo.

-Si, a veces, demasiado, pero a mi me encanta.

Callaron un momento, sin saber que decir, Derek se incorporó y sonrió mirando hacia la universidad.

-Lo siento de nuevo, espero no estar molestándote.

-Nada, no me molestas.

Ninguno de los dos añadió nada más. Ambos miraban al cielo despejado, y después se miraron frente a frente.

-Creo que deberíamos ir entrando, ya es casi la hora.- dijo Derek levantándose-¿Vienes?

- Si, claro. Ahora mismo voy. Vete adelantando tú. Después nos vemos.

-Pero tú, ¿a qué universidad vas?-preguntó Derek volviéndose.

-A la de Arquitectura, ¿y tú?- le miró.

-A la de Biologia-rio entre dientes-Mejor nos vemos a la salida, ¿vale? Bajo este mismo árbol.

-Vale. A la salida, que es dentro de dos horas, ¿no?- él asintió y ella sonrió-De acuerdo.

-Pues hasta luego.

-Hasta dentro de dos horas.

Se despidieron y cada uno marchó hacia su universidad. Comenzaron de nuevo las clases. La primera fue Perspectiva, y la segunda Diseño, pero esta clase fue suspendida, ya que el profesor se encontraba indispuesto y no había ido. Así que Dania salió antes, y como había quedado con Derek bajo aquel árbol, se fue allí.

Todo estaba vacío, no había nadie. Pensó en subirse en el árbol, y así lo hizo. Era bastante cómodo y se estaba bien.

Esperó pacientemente a que terminases las clases. Nada más tocar el timbre, los alumnos comenzaron a salir. Derek se dirigió hacia el árbol. Cuando llegó se sentó a esperar. Pasaron varios minutos antes de que Dania hablara.

-¿Si me cayera, me cogerías?-dijo asomando la cabeza por una de las ramas.

Derek miró hacia arriba y sonrió.

-Pues claro que te cogería- se levantó.- Así que estabas ahí.

Dania se colgó la mochila y bajo del árbol.

-Me alegro de que me fueras a coger.

-¿Te vienes a tomar algo conmigo?-dijo Derek.

-No creo, es que tengo que coger el autobús para volver a casa. Además son las cinco y no es hora de tomar nada ya.

-Te acompaño entonces.

-¿Acaso tienes dinero para el autobús?-dijo ella suspicazmente.

-Tengo algo mejor, -sonrió y saco unas llaves de su bolsillo- tengo transporte. Vamos que te llevo.

-Bueno, si así llego antes y me ahorro el dinero mejor.-dijo agradecida.- Me gustaría descansar antes de ir a trabajar.

-¿Trabajas?

-Si, ¿como pagaría la luz, la comida y la casa?

-¿Vives sola?

-Por ahora si, hasta que encuentre compañero o compañera de piso.

-Genial, ¿y tendrías sitio para mi?

Dania le miró incrédula.

-No te precipites.

-No lo hago. Verás, te explico, vivo con mis padres, me tienen muy mimado y quiero salir ya de los brazos de mis padres.

-Nos acabamos de conocer.

-¿Y esperas conocer a fondo a la persona con la que compartirás piso?-comenzó a caminar y Dania lo siguió.-Si lo compartes conmigo, pues podrás venir a la universidad en coche, pagarías menos alquiler o de luz y demás, y no estarías sola.

-Cierto, pero te todas formas me lo pensaré.-dijo ella pensativa caminando al lado de él.- Pero eso lo hablaremos más adelante, ¿no ibas a acompañarme?-miró su reloj- Te lo agradecería mucho.

-¿Te pensarás bien lo del piso?

-Si, Derek, si.

-Entonces vamos.

Atravesaron el campus hasta la calle principal, después caminaron hacia la derecha y sin parar durante cinco minutos. Derek paró en seco delante de una casa enorme de un color ocre. Fuera del garaje se encontraba una moto enorme, una típica moto de carrera.

Derek entró.

-¿En moto?-dijo Dania en señal de sorpresa.

-Si, ¿pasa algo?-dijo con tono de burla en la puerta de su casa.- Espera un momento, voy a por los cascos.

Dania se acercó a la moto. Al segundo Derek le ofrecía un casco rojo.

-Ponte el casco.

Ambos se lo pusieron. Derek montó en la moto.

-Ánimo, no conduzco tan mal como parece.-dijo riéndose.

Ella se subió detrás de él. Sin saber muy bien donde colocar las manos ni los pies.

-Verás, -dijo Derek viendo la cara de frustración de ella.-coloca los pies aquí- señaló los salientes de la moto.-, y las manos aquí o en mi cintura.

-De acuerdo, vamos.

Ella se había agarrado donde debía, pero cuando Derek arrancó, y aceleró, como acto reflejo, se agarró a su cintura. Se pegó con fuerza a la espalda de él. Derek rió a carcajadas bajo el casco, mientras el mundo iba volando a su alrededor.

Sueños (I)

Capitulo 1: El Despertar

Lo vio delante de ella. Tenia el pelo moreno, largo hasta ir por debajo de los hombros, que sobresalía por la capa; sus ojos eran negros como el carbón y sus pupilas estaban rodeadas por aros plateados. Llevaba una camisa negra, unos pantalones del mismo color, y con una capa. Tenía la capucha puesta, pero aun así sus ojos se distinguían en la oscuridad. Ella maquinaba las expectativas de huir de allí, aunque sabia que no podría llegar muy lejos. Estudió el sitio donde se hallaba.

Era un ático grande, con las paredes, techo y suelo de madera. Había un gran ventanal a las espaldas de ella, por donde había entrado. Por dicha ventana atravesaba en esos momentos una brisa de bochorno, que mecía los pocos mechones que le quedaban libres. Tenía a su derecha una mesa con una silla, pulidas con la talla sencilla que tanto se veía en todo lo que la rodeaba. A su izquierda, una escalera, que ella evaluaba como única salida. Y así, reaccionando como si le hubieran dado una descarga eléctrica, se tiró escaleras abajo tan rápido como pudo. Pero como ella ya lo había supuesto, su enemigo era más rápido y ágil. La cogió del brazo y tiró hacia él. Vio ahí su fin. Un fin que no había visto tan cerca como ahora.

Pero no pasó nada.

Aquel desconocido la colocó con fuerza sobre la mesa, como si se tratase de un simple saco.

-No te muevas- dijo con voz seca y áspera, llena de furia.

Le iba a hacer algo, pensaba ella, algo muy malo. Estaba enfadado. Había sido un error, ella no debía haber caído ahí. Era culpa del Saltador de Tejados, él la había confundido hipnotizándola, y después de marearla la había dejado caer por la ventana. Ella no tenia culpa, solo quería encontrar a una niña fantasma que vio. Sabía que ella quería decirle algo, pero no sabia el que.

Se volvió hacia las escaleras, de donde subía un olor a cerveza y carne a la brasa. Oyó como unas sombras se tambaleaban por las escaleras y escuchaba pies subiendo. Ahora ya era su fin, seguro. Pero para asombro de ella, el desconocido se acercó y la besó. ¿Pero que hacia? ¿Por qué la besaba? Se preguntó ella en el instante en que pudo mover algún músculo, pero su cuerpo perdió la movilidad después de ese beso, sintió como si contuviera droga, y los ojos se le cerraron, pero podía escuchar. El desconocido se giró rápidamente hacia las escaleras, donde asomaron dos cabezas.

-Mi señor, ¿de donde habéis sacado a esa hembra?- preguntó uno con voz ruda.

-¡Me cayó del cielo!- dijo entre carcajadas falsas-Una cosa que quede clara, no la toquéis. Es una orden.

Esto último lo dijo con una voz tan cortante que sus vasallos asintieron y bajaron apresurados las escaleras. Se acercó de nuevo a ella tocándole la frente. Despertó instantáneamente y miró al desconocido. Este mirándole con indiferencia le dijo:

-Volverás.

Todo se volvió luz.

Un zumbido atronador sonaba en la mesilla de noche, el despertador marcaba las seis y media de la mañana. Dania extendió su mano hasta llegar al botón que lo hiciese dejar de sonar. Al fin se cayó, pensaba. Era la hora a la que se levantaba todas las mañanas, todas ellas le costaba mucho levantarse de la cómoda cama. Su pelo rubio se extendía por toda la almohada alborotado y enredado. Levantándose a regañadientes se dirigió a la cocina, como todas las mañanas solitaria, como el resto de la casa.

Hacia solo unos meses que vivía sola. Decidió un día que no quería seguir en la casa de sus padres ni tener que decir siempre a donde vas y con quien. Quería mucho a sus padres, pero ya quería ser independiente. Siempre había sido la mas solitaria de la casa. Sus hermanos eran cada uno de una manera, casi polos opuestos. Su hermana, ordenada, estudiosa y tímida. Su hermano, un extrovertido, descuidado y desordenado a más no poder. Dania se encontraba entre los dos, pero en realidad se diferenciaba mucho. Ella siempre había sido ordenada en su desorden, todo en su habitación tenía un orden increbrantable. Era la que más ahorraba y la que más cosas se buscaba por si misma, pero una torpe al fin y al cabo. Desde pequeña siempre andaba metida en todos los chanchullos con los niños mayores, siempre pretendía defender a los débiles. Corría y se caía perdiendo el equilibrio continuamente. Solía imaginarse que era arqueóloga y buscaba en el patio del colegio piedras que imaginaba eran huesos; soñaba con vivir en un castillo, correr aventuras. Y sobre todo le encantaban los seres fantásticos. Desde primaria empezó a leer a poetas románticos, imaginando paisajes, cosas y personajes irreales, como los vampiros. No sabia porque, pero desde siempre le habían atraído los vampiros, seres tan seductores que con la mirada te hipnotizaban, aquella forma tan elegante de vestir, aquella soltura de movimientos y sus colmillos afilados posando su aliento sobre el cuello de la victima. Comenzaba a leer libros y más libros, soñaba con cosas fantásticas, pero debía volver a la realidad, siempre lo hacia.

Así que cogiendo su tazón de leche lo metió en el microondas, mientras este se calentaba, como de costumbre, se ponía a revisar la mochila, no se le podía olvidar nada. Sonó el pitido que anunciaba que la leche estaba a punto para tomar. El calor inundó su cuerpo y lo llenó poco a poco de energía. Se dirigió a su habitación de nuevo, y vistiéndose, se peinó y cepillo los dientes. Estaba lista para ir a su segundo día de universidad. Se colgó la mochila a la espalda, bajando las escaleras hasta salir de su edificio. Era un barrio tranquilo de gente obrera, que estaba todo el día atareada y solo salían por la tarde a tomar el aire. Su edificio era de 5 pisos, y ella vivía en el cuarto.

Caminó hasta la parada del autobús, que tardo poco en llegar, pues ella se había preparado para aquel horario. El sonido monótono y rutinario del autobús sonaba en su alrededor. De pie, junto a una barra, intentaba no perder el equilibrio, a la vez que vigilaba su mochila y la parada. Llegando a su parada, bajo la primera. Se encaminó hacia la puerta de la Universidad. Le encantaba aquel lugar, lleno de gente que dibujaba, estudiaba, charlaba, etc…

Se dirigió a su clase. Se sentó en su sitio. Su mesa estaba un poco decorada con dibujos de alumnos anteriores y que ella tenia intención de borrar para hacer ella más. Pero no quería, si la gente lo había hecho, ella no era quien los borraría. Se haría sitio. Intentó prestar atención a la clase a la que la profesora le traía sin cuidado. No le importaba que hubiese alumnos o no, si prestaban atención o no, lo que no quería era que la molestaran.

Pero aquella mañana, Dania no conseguía concentrarse. Pensaba en aquel sueño. La tenia absorta. El desconocido la había besado, eso era algo que no ocurría todos los días, porque parecía muy real. Recordaba como sus ojos brillaban en la oscuridad y los aros de sus pupilas resplandecían.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Miró a su alrededor. La clase había acabado, y la gente se apresuraba a buscar en sus horarios las clases siguientes.

Suspirando se levantó y se encaminó a la siguiente clase.