Recuerdos Pintados de Gris (Mini-Cuento)

Ya volvía a llover. La humedad impregnaba el aire con su pesadez. Ese día, como la mayoría de los días, iba a ser húmedo y pegajoso.
Miré por el hueco de la ventana, que me separaba del exterior con una maya fina, para que no entrasen los insectos.
Me encontraba sola en la casa. Esta era simple. No tenía ningún electrodoméstico, ni ninguna tecnología moderna, ya que solamente tenía con una radio y un teléfono. Pero me preguntaba que para que necesitara mas cosas, y simplemente me contestaba a mi misma -para nada. No necesitaba más información de la necesaria. No se me había perdido nada allí a fuera.
Mis huesos ya no eran los de antes, cuando solía pasar horas y horas bajo esa intensa lluvia. Mi pelo se había vuelto blanco y por eso, me lo dejé largo. Mis ojos, que antes tenían un color verde intenso, ahora se mostraban un poco grises. La edad no perdona mucho.
Por suerte para mi, había llevado una vida sana, sin vicios y con deporte. Y me había criado en la selva, donde necesitas tener fuerza, por lo tanto, aun podía caminar bien y derecha.
Parecía que hoy la lluvia me traía nada más que melancolía y recuerdos.
Me levanté de la silla y fui hasta mi cuarto. Hurgué en la mesilla de noche y encontré mi diario. En el se relataba todo lo que me había ocurrido desde que tuve todo mi uso de razón.
Me giré y me senté en la cama. Acaricié la tapa del diario que mi padre me había regalado en mi décimo quinto cumpleaños. En la tapa, pintado con un pincel a mano se veía su nombre en rojo: Elaine.
Deslizó la tapa para dar con la primera hoja, donde había escrito:


Los sueños viven en la realidad, lo malo es llegar el día en que hay que despertar.


Recordaba el día en que comencé a escribir.

Mi padre me había dado el diario y me encantó tenerlo en mis manos, pero no sabia que escribir. Garabatee algunas palabras que se me pasaron por la cabeza. Luego las arranque viéndolas horribles. Me desesperé y salí a dar una vuelta por la selva. Y aunque no me dejaban ir sola, me escapaba. Siempre me había criado como a una señorita, pero claro, mi madre se había ido a Europa, y sin saber porque, sabía que no volvería.
Mi padre era un buen hombre, solo se preocupaba por mí. Al principio de llegar allí no me dejaba salir. Pero con el paso de los años había entendido que una selva es mucho territorio para despertar mi curiosidad. Y así lo había echo.
Me puse el vestido más viejo que tenia, y salí por la ventana. Deseaba tener unos pantalones. Pronto le pediría a mi padre que quería unos.
Salí a la selva. Él calor era sofocante y tenia muchas ganas de buscar el río para nadar y refrescarme. Pero tendría que tener cuidado con los animales, ya que los cocodrilos y las anacondas no eran muy amigables.
Caminé entre matorrales. Sabía que tendría que estar orientada por si tenía que echar a correr por algo.
Vi a lo lejos el río. Corrí hacia él.
-¡Agua fresquita!-dije metiéndome hasta los tobillos y mojándome las manos.
Me salpiqué la cara. Decidí meterme más, pero antes me acerqué a la orilla y cogí un largo palo, que me serviría tanto para medir la profundidad como para notar si hay algún animal.
Me metí al agua de nuevo, palpé con el palo. Todo parecía tranquilo, y en la distancia no se percibía ningún movimiento del agua. Así que me sumergí por completo. El agua estaba fresca, lo suficiente para mitigar mi calor. Saqué la cabeza del agua y me sacudí el pelo. Rizos dorados salpicaron toda la superficie. Estaba tranquila y fresca.
Nadé un poco, pero vi una sombra debajo del agua y que poco a poco se acercaba a la superficie. Y sin pensármelo dos veces comencé a nadar en dirección a la orilla. Estaba a punto de llegar a esta cuando sentí que agarraban mi pie, me sobresalté y las moví violentamente. Me giré y vi como un chico salía a la superficie. Tenía el pelo color chocolate, con la piel morena del sol y unos ojos extremadamente celestes, que me asustaron.
-No huyas, no te voy a hacer nada.-el chico me miraba con cara cómica, parecía que lo había echo a posta.
Avanzó hacia mí y acercó la mano en señal de saludo. Yo se la estreché un poco, sin saber que hacer.
-Me llamo Majou, ¿y tu?-dijo con una sonrisa de niño.
-Yo soy Elaine, encantada.

Desde aquel día, ese en que conocí a Majou, empecé a escribir en mi diario. Ya que sin saber como, nos habíamos caído bien. Hojeé mas paginas de mi preciado diario. Llegué a la época en que mi padre me quiso mandar a Europa a estudiar a una academia de chicas en Londres. Recuerdo que había sentido mucha rabia.
Había salido de mi casa dando un portazo con la puerta y dejando a mi padre en el salón con la palabra en la boca. Por aquel entonces yo tenía casi veinte años, y ya parecía toda una mujer, o eso decían. Ya que yo seguía queriendo quedarme en aquella selva y ser tan salvaje como ella.
Corrí hasta la casa de Majou, lo necesitaba. Llegué y me dijeron que no estaba, que se había ido a la selva del sur con su hermano, pero que volvería antes del atardecer. Podía esperar, pensé. Sabía que cuando llegase a su casa, su madre, le diría que había estado allí. El seguramente iría a mi casa y al no encontrarme allí acudiría a nuestro lugar habitual.
En esos instantes estaba furiosa con mi padre por querer alejarme de lo que había llegado a querer, y ahora no se lo podía quitar. Era cierto que mi padre había sido muy comprensivo cuando le dije que quería ponerme pantalones, y al final aceptó. Así llevaba ya varios años vistiéndolos para estar en la selva, ya que era mas fácil moverse que con el vestido.
Me senté en el suelo junto a la orilla de la cascada a la que solíamos ir. Y allí me dispuse a esperar a Majou mientras intentaba calmar mi furia. Tenía las lágrimas saltadas de resentimiento, sentía como mi corazón palpitaba fuerte y mi garganta escocía de la fuerte respiración. No sabía como mitigar aquello. Así que me puse a golpear el suelo con los puños, desahogando toda mi rabia. No sabia porque me había afectado tanto que mi padre me quisiera mandar a Londres, pero me sentía fatal y no dejaba de llorar. Como si fuera fácil irme de allí sin más, sabiendo que tenia allí a Majou, a Mama-Luya y a todos los que allí conocía. Pero sobre todo a Majou, él me ha enseñado a manejarme bien en la selva y me había apoyado en todo; sobretodo cuando me enteré de que mi madre se había separado definitivamente de mi padre y que se había casado.
Recuerdo que continué golpeando el suelo hasta que me sangraron las manos. Me dolía más el corazón que las manos, y no sabia porque. Cuando llegó Majou y me vio sangrando y llorando fue corriendo hasta mí.
-¡Elaine! ¿Qué te sucede?-me cogió por los hombros y me giró.-Mírame.
Yo había levantado la cabeza y le había mirado a los ojos. Esos ojos tan claros y llenos de paz. En esos instantes estaba muy confundida por mi reacción a lo de mi padre, y sin saber que hacer, me abracé fuertemente al pecho de Majou.
-Majou, Majou?mi padre...Quiere que vaya a estudiar a Londres...-logré decir con la voz tomada por el llanto. - ..Y no quiero...
Él simplemente me abrazó y me acarició la cabeza hasta que deje de llorar. Después le conté todo. Majou no me soltó ni por un instante.
Se había vuelto un jovencito de lo más apuesto, ya que de tanto trabajar en la selva y con un trabajo duro que había curtido su cuerpo. Ya no parecía el niño sonriente de años atrás.
-Elaine, creo que tu padre tiene razón.-habló como siempre lo hacia, serena y pausadamente.- Deberías ir a estudiar, aunque solo fuesen un par de años.
-Pero?Majou-yo intentaba discutirle, pero sabía que en ese juego siempre ganaba él.
-Vamos, ¿vas a desaprovechar la oportunidad de aprender mas?-dijo dándole golpecitos en la cabeza.-Si yo pudiera iría, estudiaría, y así, sabría mas que unos cuantos de por aquí.
-Pero tú ya sabes cosas, y yo también.
-Pero es muy importante seguir aprendiendo, ¿acaso no lo entiendes? Cualquiera preferiría ponerse en tu lugar.
-¿Te gustaría ir? ¿Lo dices en serio?-dije ilusionada ante la posibilidad de que si me iba, no me iría sola.
-Claro que si, pero mi familia no me lo podría pagar. Así que me tendré que conformar con los estudios que me dieron aquí, en la escuela kununwe. Donde he aprendido lo esencia para vivir aquí.
En ese momento una fugaz idea cruzó mi mente y me levanté precipitadamente del suelo.
-Tengo una idea, voy a hablar con mi padre, mañana nos vemos.-me agaché y le di un beso en la mejilla.-Gracias.
Y con esto último corrí hasta mi casa, dejando a Majou solo al lado de la cascada.

Había llegado a casa y le había dicho a mi padre lo que había planeado, e insistí en que se hiciera. Mi propósito era que Majou viniera conmigo a Londres. A esto, mi padre había respondido que de todas formas estaríamos separados y que casi no nos veríamos. Pero a mi no me importaba. Quería tener a Majou cerca, y no al otro lado del mar. Mi padre dijo que lo pensaría en la noche. Ya que no tenía pensado que su única hija se quedara sin estudios por estar como una salvaje; o al menos eso es lo que creía que pensarían los demás.

Hacia un año que Majou y yo habíamos ido a Londres a estudiar. Al principio, recuerdo, que todo iba bien, nos veíamos a menudo. Pero los tiempos siguientes demostraron la verdad de mi padre, nos alejábamos cada vez mas uno del otro. Él se había tenido que adaptar a un país que no era el suyo y a nuevas gentes.
Lo veía conversar animadamente a veces, cuando podía escaparme un poco a verle. Pero ninguna vez interrumpí su felicidad con sus nuevos amigos. Prefería que se lo pasara bien. Y poco a poco nos alejamos.
Pasé las páginas que contenían palabras sin sentido. Y me detuve en unas palabras escritas en mayúsculas y bien señaladas:
AL FIN VOLVÍ
Suspiré recordando aquel día tan especial.

Él barco procedente de Europa atracó en el muelle justo después del mediodía. El sol daba con fuerza, y el calor empezaba a llenar mi cuerpo. Bajé del barco junto con los otros pasajeros y fui a por mis maletas.
Había vuelto por fin a casa, la selva, mi hogar. Mi padre me recibió con una cariñosa bienvenida, al igual que Mama-Luya, de la cual echaba de menos sus fuertes abrazos.
Después de la bienvenida pensé en caminar, y así me fui hasta la cascada, pero Majou no estaba allí. Suspiré. Lo echaba demasiado de menos. Yo sabía que era alguien importante para mí, pero eso ya era pasarse.
Me senté en la orilla, junto a un tronco y me puse a pasar la mano por el agua. El pelo me caía en rizos dorados sobre la cara.
Recuerdo que Majou se acercó seriamente y en silencio por detrás. Se agachó y se puso a mi altura.
-Elaine?-susurró cerca de mi oído.
Sin saber el porqué, mis ojos se llenaron precipitadamente de lágrimas. Lo había añorado tanto, que no sabia ni que hacer. Él acercó sus manos a mi cara y me limpió las lágrimas.
-Elaine, te he echado mucho de menos.-dijo con una media sonrisa.
Mi corazón de repente se encogió al oír aquellas palabras. Mis mejillas se sonrojaron y me lancé en sus brazos. Caímos los dos sobre la hierba húmeda de la cascada.
-Yo también te he echado muchísimo de menos.-dije cerrando los ojos en su pecho.
Olí su fragancia, su olor natural. Ya era todo un hombre. Había estudiado en una de las mejores escuelas para chicos de Londres.
-Majou, ¿Cómo te ha ido todo?-pregunté con voz entrecortada.
-Pues muy bien, no tengo queja.
-Pues yo he estado estudiando mucho, y ya no tengo porque estudiar más.
Me levanté y me desperecé. Majou también se había puesto de pie, y me miraba de arriba abajo como si me evaluara.
-Te has puesto muy bella en estos años.-dijo acariciándome la mejilla izquierda.
Sentí su mano caliente sobre mi cara, y la delicadeza con la que me acariciaba.
Pero para lo que yo no estaba preparada era para lo que iba a hacer en esos instantes.
Se inclinó poco a poco hacia mí, el corazón empezó a latirme con mucha fuerza, mi sonrojo apareció, y sus labios, suavemente se posaron sobre los míos.
-Ma-Majou-tartamudeé pensando en que me había besado, como algo que no me creyera aunque fuera la verdad más autentica del mundo.
-Elaine, creí que había conseguido olvidar esto que siento por ti?-sentía como poco a poco me hundía de nuevo en sus ojos- pero no me ha sido posible, y mucho menos desde que te he vuelto a ver.
-Majou ¿acaso tu?-pregunté temiendo la verdad.
-Si, Elaine, estoy enamorado de ti.-le miré algo asustada, ya que yo valoraba su amistad por encima de todo.- Tranquila, no pasa nada?
Vi su cara de pena y empezó a faltarme el aliento, y a encogérseme el corazón.
-Majou yo...
Ese día había acabado conmigo en mi casa llorando y Majou en su casa muy confundido. Dejé que pasaran los días, y estuve reflexionando. Empecé a entender una cosa, pero necesitaba comprobarla.
Cuando creí que ya era la hora, salí hacia la hermosa cascada, y allí lo encontré.
Su pelo corto y castaño ondeaba con una suave brisa que había podido esquivar los árboles. Tenía el torso descubierto, dejando ver su cuerpo formado. Y la mirada fija en el vacío.
-¿Majou?
-Hola, Elaine, ¿estás bien?-preguntó levantándose.
-Si.
-Siento mucho lo del otro día, me dejé llevar por mis sentimientos.
-Majou...
-¿Si?
-Quiero probar una cosa, ¿me permites?-pregunté acercándome.
-Claro, ¿Cómo no?
Me coloqué a pocos centímetros de la cara de Majou. Le cogí la cara con delicadeza y le besé los labios. Majou llevado por la felicidad de ser correspondido me devolvió el beso; y así, pude darme cuenta de que lo amaba y no lo sabia.

Mis recuerdos ahora ya casi no sirven para nada, porque están medio estropeados. Pero por si alguna vez, no pudiera contar algunos de mis recuerdos a las personas más importantes de mi vida, escribo este diario de páginas plateadas. Pasé las últimas páginas y vi unas palabras escritas con tinta con las letras rojas:

Lo que los sueños no envuelvan, lo envolveré yo con mi manto de estrellas.

Y así, cerrando mi diario, lo guardé en la mesilla. Pensé que para recordar las cosas que hice es mejor que una mente joven la lea para que no se olvide. Volví junto a mi silla y vi que en la hamaca una hermosa niña de cabello castaño y ojos celestes se despertaba.
-Abuela, ¿Dónde esta abuelo Majou?-preguntó mi nieta.
-A salido un rato, pero cuando vuelva te contará esas historias de la selva que tanto te gustan.
Besé a mi nieta Wendi en la frente. Miré por la ventana, seguía lloviendo.
-Wendi busca en tus sueños lo que no encuentres en la realidad.
-¿Encontraré a Mush?-preguntó sobre el joven al que amaba.
-Si sigues pensando en él, lo encontrarás.
Los recuerdos volvieron a embargarme, pero decidí quedarme con mi nieta, a observar la lluvia y mirar la selva.

1 comentarios:

Natural, fresco, cuando leeo quedo facilmente atrapado por la simpatia y calidez de una historia aunq es muy corta te hace querer mas. No se si la calidez viene de la historia o de la que la sintio, pero de seguro que hoy he quedado prendado de una estrella ^^ oye segui escribiendo que Quiero leeR massS!! :P

 

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